En las últimas semanas, he dado clases en el Instituto de RTVE, del cual formo parte como profesor desde 2017. Desde que probé lo que se siente contribuyendo a la formación de futuros periodistas en la Universitat de Barcelona (UAB) como profesor asociado (2008-2010), me he embarcado en distintos proyectos enfocados a innovar y aportar dinamismo a la profesión desde el ámbito de la docencia.
Veo la formación y la docencia como algo más que transmitir conocimientos. Es también la emocionante tarea de inspirar curiosidad y cultivar habilidades que trascienden el aula. Formar futuros profesionales conlleva una responsabilidad profunda. Es enseñar teorías y técnicas, pero también -directa o indirectamente- transmitir valores, como la perseverancia y el compromiso con la excelencia.
Y no solo aprenden los alumnos. Cada interacción en el aula es una oportunidad para aprender y crecer juntos. Mis estudiantes me desafían a mantenerme actualizado, a innovar en métodos de enseñanza, y a adaptarme a las necesidades cambiantes en el entorno docente y profesional. Su energía y entusiasmo son el combustible que me hace afrontar de la mejor manera estos retos.
La satisfacción de ver a mis alumnos mejorar, alcanzar sus metas y, finalmente, convertirse en profesionales competentes no tiene precio. Ser docente implica dedicación, paciencia y un compromiso inquebrantable con la formación de los estudiantes. Soy profesor por vocación. Y aunque soy consciente de que mi labor no es la única, formar parte de su camino me llena de orgullo.