Las gafas de sol son un complemento esencial en verano, sobre todo para nuestra salud, para protegernos de los peligros del gran astro de nuestro sistema solar. Usar gafas de sol inadecuadas aumenta, al menos, un 20% el número de lesiones oculares, que pueden tener consecuencias graves e irreversibles, como quemaduras en la retina o incluso ceguera, tal como señala la oftalmóloga Mercè Guarro.
La luz que nos deslumbra no daña tanto los ojos como la radiación ultravioleta, totalmente imperceptible. Por tanto, lo primero a tener en cuenta es que tenemos que usar unas gafas de sol en las que se especifique explícitamente que filtran la radiación ultravioleta. Y, por supuesto, deben estar homologadas por la Comunidad Europea (CE).
En los últimos años se han puesto de moda las gafas con espejos. ¿Son mejores o peores? Pues no depende del espejo, sino del cristal que llevan detrás. Es lo más importante: la calidad del cristal. En cuanto a los colores de los espejos o cristales, los hay: azules, amarillos, rojos… Los colores más vivos potencian la luz. Y los mejores, según el optometrista Roger Herrero, son los verdes y marrones, porque “nos dan una visión de los colores más natural”.
Debemos proteger piel y ojos del sol
¿Una lesión solar en la piel es peor que en los ojos? No. Los ojos son 20 veces más sensibles que la piel. Y, por tanto, debemos protegernos ambos del sol: la dermis y los ojos. Con todo, lo mejor siempre es dejarse asesorar por expertos y profesionales.
Os dejo el reportaje que hice sobre este tema para el Telediario de La1 de TVE, en 2014: